5 personajes históricos que amaban a las cortesanas y escorts
La historia oficial habla de guerras, tratados y revoluciones. La extraoficial, en cambio, suele pasar por salones privados, casas de placer y relaciones muy … “desenfadadas”.
Y sí: también los reyes, escritores y nobles españoles tenían cierta fama cuando se trataba de frecuentar cortesanas, amantes y prostitutas de lujo.
He aquí cinco personajes históricos que, entre escándalos y pasiones, no despreciaban en absoluto la compañía femenina a cambio de un pago.
El soberano, rey de España entre 1886 y 1931, era conocido por llevar una vida privada bastante agitada y una larga lista de amantes. Las crónicas de la época hablan de frecuentes encuentros con actrices, bailarinas y prostitutas de alto nivel en los locales más exclusivos de Madrid y París.
¿Lo más curioso? Parece que estaba tan obsesionado con el tema erótico que incluso financió algunas de las primeras películas pornográficas europeas, consideradas hoy casi una “leyenda urbana” de la historia del cine español.
Francisco Franco construyó siempre una imagen pública extremadamente rígida, católica y ultraconservadora. Sin embargo, en torno a su figura han circulado por decadas rumores sobre encuentros privados con mujeres y supuestas relaciones discretas organizadas durante el régimen.
Nada está probado oficialmente, que quede claro. Pero muchos biógrafos subrayan que detrás de la fachada moralista del franquismo, la élite política española de la época llevaba a menudo una doble vida bastante libertina.
La lección histórica aquí es sencilla: cuanto más habla un régimen de moralidad, más probable es que alguien se esté divirtiendo entre bastidores.
El artista español frecuentó durante toda su vida modelos, bailarinas, amantes ocasionales y prostitutas, especialmente durante sus años parisinos. En los burdeles de Barcelona y Montmartre encontró a menudo inspiración artística: muchas de sus primeras obras nacen precisamente observando el mundo de la prostitución.
El famoso cuadro Les Demoiselles d’Avignon, por ejemplo, está inspirado en un burdel de Barcelona.
Picasso vivía el sexo casi como parte de su proceso creativo.
Frecuentaba ambientes muy excéntricos entre Barcelona, Madrid y París, a menudo junto a su esposa Gala, que gestionaba muchas de sus relaciones y fantasías de forma casi teatral.
En su caso, todo era extremadamente surrealista: fiestas extravagantes, personajes excéntricos, encuentros al límite y una vida privada que parecía una película. Con Dalí nunca se sabe dónde termina la realidad y empieza la performance artística.
Durante sus estancias en Madrid y Pamplona frecuentaba tabernas, locales nocturnos y burdeles con una naturalidad impresionante. En sus libros aparecen constantemente prostitutas, relaciones fugaces y ambientes decadentes vividos en primera persona.
Para él, todo formaba parte de la experiencia “real” de la vida: alcohol, guerra, sexo y noches interminables.
Hoy en día probablemente estaría vetado en la mitad de los hoteles europeos.
Desde el Siglo de Oro hasta el siglo XX, España ha tenido una relación mucho más abierta con la prostitución y las cortesanas de lo que se imagina hoy en día.
Estas mujeres no eran simples cortesanas: al igual que algunas trabajadoras sexuales modernas, eran mujeres cultas, influyentes y perfectamente integradas en los círculos artísticos y aristocráticos. Algunas incluso lograban influir en la política, la literatura y la moda.
En definitiva: detrás de la imagen tradicional y católica de España, siempre ha existido un lado mucho más libertino de lo que cuentan los libros de historia.