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Mujeres en Barcelona
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Ultima opinión: 13 Julio 2026
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21/07/2026 - SexomercadoBarcelona (Barcelona)

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La inesperada largueza de Lucía Lux

13 Julio 2026
Lucía Lux. Oriental, treinta y algo, guapa, atractiva, alta, supersimpática, con un toque de humildad oriental (me dice, por ejemplo, por WhatsApp, antes de conocernos: "Querido, me complace mucho poder servirle"; ¿cuántas chicas occidentales dirían algo así en esta situación? Yo encantado). Preciosos pechos, no muy grandes, y mejor así, that's the way I like it. Local a pie de calle, pero oculto, sin anunciarse, puerta neutra. Lucía me abre, me lleva hasta su habitación, al fondo (luego me cuenta que no hay más chicas tras las puertas numeradas del pasillo). Al vernos: "¿Lucía?". "Lucia", me contesta. Hago por corregirle el acento tónico, y enseguida se disculpa por su castellano. Durante nuestro tiempo, solo alguna vez ha recurrido al traductor del móvil. Le pago, me ducho. La tía es tan encantadora que mientras me ducho besa la mampara desde su lado, yo hago lo propio: somos dos adolescentes enamorados que se besan en los labios del otro lado de la mampara. Para mayor amor, cierro los ojos. Al salir, Lucía me ayuda con la toalla. Se pone literalmente a mis pies, para secármelos. Luego hago por desnudarla. Pero me tropiezo con los broches del sostén. Lucía toma las riendas y me manda a la cama. Su iniciativa es comerme. Le ofrezco caramelos. No estoy seguro de que acabe de entender para qué se los ofrezco. Me dice algo así como que no acepta el caramelo porque ahora me va a chupar. Como la comunicación no es sencilla, tampoco insisto, pero eso sí: yo tengo mi Halls en la boca. Que quiero 69 lo entiende enseguida, y también que necesito apoyar la cabeza en una almohada para comerle el clítoris sin forzar el cuello. Y procedemos. Jugueteo todo lo que puedo en los abismos de Lucía. Alguno de esos abismos es más sensible, y tengo más cuidado. Luego me dice: "Tienes mucha energía". Pero no se ha corrido, al menos no de forma visible. Yo sí, y en abundancia. La tía come como Dios, y no es difícil encontrar en su boca y en su lengua la fricción y la humedad que conducen al tope de excitación que lleva al orgasmo. Mientras me corro, dudo por un momento de estar haciéndolo en su boca: su culo maravilloso me tapa la vista. Lucía no se ha ayudado mucho con la mano, y cuando lo ha hecho ha sido sin sacarse la punta de la boca. Ahora veo lo importante que es para ella su cliente: con el semen en la boca, no sale corriendo al lavabo para escupirlo, sino que aún se queda un rato conmigo, limpiándome, toallita a toallita. Pero al fin sale, y vuelve. Le hablo por el traductor, le pregunto si ha pasado ya el tiempo pactado. Me muestra la hora: son justo las 14:30, mi límite teórico, de tal manera que hago ademán de incorporarme para coger mi ropa. Pero, oh, sorpresa, Lucía me ofrece un masaje. "¿Gratis? ¿No más dinero?", pregunto. "No más dinero", me confirma de viva voz su alma generosa. Y el masaje ha sido razonablemente largo, diez minutos o más. Y minucioso: espalda, piernas, pies, brazos, manos. Se ve que sabe lo que hace. Cuando por fin terminamos y estoy vistiéndome, me dice: "He visto tu corazón, y eres muy bueno". Y más tarde, como respuesta a mi agradecimiento por WhatsApp: "Eres un hombre muy educado y amable". ¿Será verdad? Esta propina suya a mí del masaje inesperado y gratuito, ¿se la da a todos sus clientes? ¿O se ha sentido especialmente bien conmigo? Yo sí me he sentido especialmente bien con ella: qué pedazo de mujer simpática y atractiva, qué ganas tiene de hacer que estés a gusto con ella en la cama. Una superjoya Lucía Lux. 50 euros por media hora. Pero, como digo, hemos estado bastante más, por la cara. Metro Sant Pau. Al lado de la Sagrada Familia. Todo limpito, cómodo y bien. Split a 25º.
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  • Provincia: Barcelona
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  • Categoría: Mujeres
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