Las virtudes y las carencias de Ona Sens
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Barcelona
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Nivel de colaborador 2
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Masajista: Ona Sens. Catalana. Anuncia 29 años. Morena de pelo, delgada, buena figura, piel blanquita. Preciosos pechos naturales, no muy grandes.
Encuentro: Me he dejado seducir por el anuncio de Ona. En las fotos es preciosa, que sea española es un plus, y otros clientes hablan muy bien de ella. Me ponen un montón las masajistas con derechos. Por algún motivo, tienen más morbo que las escorts.
Entre sus terminaciones, Ona anuncia el francés con protección por un extra de 20 euros, y esta mañana ya directamente por whatsapp le digo que eso es lo que quiero, más la sesión de media hora.
Ona me convoca a las 15:00. Es amable desde el principio, accesible, sonriente. Guapa, pero no espectacular. Habladora, a tono conmigo: siento que conecto muchísimo con las chicas si hablamos bastante durante la sesión.
Ona me facilita el acceso a la ducha. Luego me ayuda a secarme. Ahora que estoy seco y limpito (ambos estamos desnudos) le pido a Ona el abrazo que no quise darle recién llegado, con el sudor de la caminata. Ona lo entiende y me abraza, y me tumbo en el tatami boca abajo.
Ona procede con el masaje, y seguimos hablando: me cuenta lo que hace, además de ser masajista. Yo le cuento un poco mi vida: dónde nací, de dónde soy, qué hago en Barcelona. Comentamos que las chicas catalanas tienen un punto más de atracción en el mundillo, que aquí la Terra tira mucho.
Y Ona me da masajes. Al principio no particularmente eróticos. Pero de vez en cuando se cierne sobre mí y me restriega sus preciosas tetitas naturales.
"¿Hay alguna parte de tu cuerpo que prefieras que no toque?", me ha preguntado antes.
"Hay partes que prefiero que sí toques", le he contestado, y se ha reído.
Me pide que ponga la cabeza recta, aún boca abajo. Me da un masaje entonces por el cuello y el cráneo.
Y por fin, boca arriba.
"Puedes tocar todo mi cuerpo", me dice, "pero siempre por el exterior". Es decir, no andar metiendo dedos en ningún sitio.
Ona se cruza sobre mí. Con el condón puesto, se aplica toda boca en mi pene. Al mismo tiempo, como un perrito, pone a mi alcance sus labios mayores, con las piernas cerradas. Yo acaricio con cierta timidez. No me atrevo a hacerle directamente un buen yoni en el clítoris.
Mientras, me cuesta correrme. Necesito más piel de Ona. La posición que me brinda es algo incómoda, esas piernas tan firmemente cerradas protegiéndola. No me atrevo a proponerle la posición del 69, ni aunque sea con la salvedad de no poner mi boca donde no toca, sino solo para que el contacto piel con piel sea más intenso.
Ona adopta otra solución. Ya le dije antes que se sintiera libre de masturbarme si me costaba llegar con la boca. Y ahora lo hace. Se viene arriba conmigo, cara con cara (aunque los besos en la boca están prohibidos). Y me masturba un poco, pero sigo tardando, de modo que al final soy yo quien acaba la paja. Ona está algo distante físicamente en este momento, como que evita el contacto tronco con tronco.
Después de correrme, me limpia, muy amable. Me ducho, me visto, me acompaña a la puerta. Cuando llego a la calle veo en mi reloj que he excedido el tiempo pactado, y le pongo un mensaje dándole las gracias por esa generosidad.
Ahora que escribo, bastantes horas después, el mensaje sigue saliendo como no leído (los mensajes previos a la cita los contestó con amabilidad y abundantes corazones). Me pregunto si hecho en algún momento algo que haya provocado el rechazo silencioso de Ona.
He contratado media hora, 60 euros, más el extra de francés con, 20 euros. Pero en total hemos estado unos cuarenta minutos o algo más.
Pisito creo que compartido, céntrico, Aragón con Borrell. Ducha muy cómoda y amplia en la habitación. Tatami.
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