La ligereza apasionada de Nina Sexi
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Barcelona
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Nivel de colaborador 3
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Nina Sexi. Delgadita, amable, solícita, joven. Pone interés en el encuentro, te pregunta por tus cosas. Se deja querer hasta el orgasmo, y se entrega para que lo pases como mínimo igual de bien.
Me recibe, amable, sonriente, conversadora. Conoce perfectamente el proceso: antes que nada le pago, que no se me olvide. Me he duchado hace poquito, pero me ducho de nuevo para quitarme los calores (y sudores) de Barcelona.
En cuanto vuelvo, nos besamos con ternura. Intento desabrocharle el sostén, no doy con el punto, me ayuda. Tiene unos pechitos casi planos que me encantan, y se lo digo. Me ponen mil veces más las chicas de este estilo que los pechos descomunales, aunque no le hago ascos a casi nada.
Me siento en el borde de la cama, no sé si con intención de comérmela de pie, con mi cara a la altura de sus partes. Pero Nina me gana: se arrodilla y me devora. Mis manos abrazan desde arriba su torso: es delgada cual sílfide, da gusto palparle los huesitos, como quien limpia de carne unas costillas cocinadas.
Le mola el plan del 69, que le propongo. Le pregunto si prefiere que le coma el ano o el clítoris. Gana la segunda opción. A Nina le gusta también que me haya traído caramelitos de menta fuerte: está por la labor, en su boca y en la mía. Me gusta cómo alterna el ritmo para comerme: ahora más intenso, ahora más suave. Ahora se la mete hasta el fondo, sus labios tocan mi pubis, con la polla muy adentro, y se queda así quieta un momento.
La tía es amable, maja: le pido interrumpir para doblar una almohada bajo mi nuca y así no hacer el esfuerzo con el cuello para meterle la lengua entre las piernas. Encantada de la vida, para, sube a mi nivel, me ayuda a colocarme, desciende de nuevo a las alturas de mi gozo en su boca.
"Amor, ¿follamos un poquito?".
"Sí".
Tras la condonación, Nina se sienta en mi pene. Tengo la impresión de que no he entrado a fondo. Así que la sujeto fuerte y le doy sin piedad, y Nina lo disfruta. Me folla con los ojitos cerrados, que no la distraiga la vista del ensueño del tacto. Por momentos se vuelca sobre mí, me besa un poco, apasionada, refugia su cabecita en mi axila, como una gata. Estoy a punto de correrme, pero me controlo. Le digo que quiero que acabemos con la boca.
Nina obedece. Me desmonta. Me pregunta: "¿Sin condón?". Sin condón también me lo hizo en el primer 69. No sé si las palabras "acabar" y "boca" en la misma frase le hacen pensar que le esté pidiendo correrme en su boca. Y más o menos le digo que me encantaría, pero he leído lo que ofrece: eyaculación facial, y yo estoy contento con lo que ella esté contenta.
Iniciamos así el segundo 69. Mi lengua se abre camino. Mi intuición se esfuerza por encontrar la sensibilidad de Nina. Y me encanta cuando lo consigue: Nina se aparta, hipersensible, lucho por retenerla, nos reímos. Mi ego se infla varios hectolitros cuando me confirma que se ha corrido.
Ahora solo me come ella: hay algo notable en el francés de Nina: no usa las manos, es toda boca. Hasta le sugiero que sí las use, para facilitar mi orgasmo.
Creo que me está costando por haberme retenido antes, en el polvo. Al final me corro con mi mano, con el cuerpecito de Nina cruzado sobre el mío.
Enseguida se levanta, me limpia, es superservicial y cariñosa.
Nos quedan diez minutos. Nina se tumba a mi lado, me abraza, como una novia. Hablamos de Derecho, de escritura, de su pueblo, del mío. Y es una tía estupenda, para volver con ganas.
45 minutos por 100 euros. Tiempo exacto, la verdad, he entrado y salido en punto y a 45.
Pisito compartido en Joan Güell, pero no estaba la compañera. Todo limpio, bonito y bien. Un pingüino y un ventilador en esquinas opuestas de la habitación. Ducha puerta con puerta, funciona bien.
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