La distancia de Ruth Fresa
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Barcelona
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En medio de la noche, me veo tentado por Ruth Fresa. En las fotos es guapa, y he leído algo sobre ella. Jovencita, paraguaya, mona de cara, cuerpo con curvas pero sin pasarse.
Me fastidia un poco, cuando llego allí, enterarme de que no está muy claro que sea la misma persona que me ha hablado por WhatsApp. Pero ya sabemos cómo va esto, no me puedo quejar.
La chica es amable. Por WhatsApp era más coqueta, pero bueno: el polvo está asegurado, no es que haga falta seducirla. Quizá lo que me fastidia es la parte en que ella me ha seducido a mí. La Ruth real (que probablemente tampoco se llama Ruth) está con un poco de sueño, medio recién despierta. Es amable, correcta. Se implica sobre todo en el sexo. Antes y después, mantiene cierta distancia. Le hablo de su reseñas previas, del lugar donde trabajaba antes, al que soy asiduo. Las reseñas previas ni las ha leído, me cuenta. Es lo que hacen algunas chicas para evitarse disgustos, aunque no habría sido el caso de Ruth Fresa.
Tras mi ducha (el desagüe está atascado), nos besamos un poco en la boca. Desabrocho su sostén. Bajo sus bragas. Le ofrezco mansedumbre, amabilidad, empatía, obediencia. Y comerle el sexo con caramelos de menta.
Ruth abierta de piernas, tumbada boca arriba. Y yo lengua que te lengua.
Al cabo de un ratito, pido 69. Al cabo de otro poco, pido una pausa para ponerme una almohada de tal manera que me evite el esfuerzo de doblar el cuello para comerle el clítoris. Y seguimos. Por momentos pienso que he dado donde hay que dar y que Ruth se me corre en la boca. Pero no.
"Amor, no me hace falta follar: me corro de esta manera".
Ruth acoge de buen grado mi propuesta, mas me pide que la avise: no debe de gustarle el plan de correrme en su boca. Le digo también que se ayude con la mano: no es obligatorio comerme todo el rato. Seguimos.
"Te quedan tres minutos". Es verdad que mi ducha ha sido larga. La información que me da Ruth obra maravillas: de pronto, no me cuesta correrme.
Le grito que no pare hasta que salga todo, y eso hace. Me dijo antes que era algo novata, inexperta. No creo que haya sido ningún problema. Tiene el detalle de decirme que me la he comido muy bien, aunque no se haya corrido.
La noto algo distante al despedirnos, profesional, apartada. Pero soy yo el que tiene el vicio este de los afectos con las chicas, y sale más a cuenta quererlas menos.
Me arrepiento ahora un poco de enviarle un mensaje dándole las gracias, acaso porque temo que me sepa a rayos si no me contesta. Si no quieres que te vulneren, no te muestres vulnerable. Que luego todo son problemas.
60 euros por 30 minutos. Ya digo que Ruth me advirtió en pleno 69 de que me quedaban tres minutos, y esta vez no me sentó mal que me lo dijera. Según cómo, pueden fastidiar esas prisas. Y un cliente satisfecho vale más que esos minutos. En todo caso, excedí mi tiempo, pero no mucho.
Piso pequeño en el Poble Sec. Creo que estábamos solos, pero por lo visto tiene una compañera que se dedica también a esto.
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