De cómo Sofía Sánchez da mucho por muy poco
-
Barcelona
-
Nivel de colaborador 3
-
10 Opiniones
-
0 votos útiles
Sofía Sánchez, latina, veintialgo. La conozco hace años. Servicio excelente en general, tarifas y promos llamativas por lo barato.
La llamé ayer, después de tiempo sin vernos. Buscamos un par de horas posibles ayer mismo y elige ella la que le viene mejor, por la noche. A última hora, sin embargo, me cancela, sin que parezca que deba a nada inesperado, sino que sencillamente es tarde para luego volver ella a su casa, lo cual ya sabía al elegir ella esa hora. Estoy a punto de cancelar, de lo mal que me sienta el tema, pero si algo aprendes cuando llevas tiempo haciendo esto, es que el enfado solo satisface, y malamente, a tu ego. Y que si de verdad quieres disfrutar, te sale muuuuucho más a cuenta callarte, tener paciencia y perdonarles todo. Si no, te ganas bloqueo tras bloqueo, y no mola.
Nos vemos, pues, hoy a las 13. Sofía está amable pero algo distante, quizá acusa la amargura que por fin vertí como desahogo en el chat antes de fijar la nueva cita. Pero el encuentro fluye bien. Nos contamos mutuamente nuestra vida: sus semanas en una agencia, incitada por mí; mis lidias en un espacio virtual que Sofía también conoce.
Y empieza el masaje, una promo increíble que ofrece Sofia. Mientras conversamos, me da masajes en la espalda, y casi por propia iniciativa hace algo que muchas veces no me atrevo a pedir a las chicas: me limpia los puntos negros de la espalda, esos que los solteros sin dermatólogo estamos condenados a padecer, pues no hay manera de que lleguemos con nuestras propias manos.
Se lo agradezco, pero también le digo que no quiero que se le vaya el tiempo en eso. Y ya enseguida me dice que me dé la vuelta.
La promo incluye la terminación en francés natural. Y Sofía es una maestra.
"No te gusta que te sujete la cabeza, ¿no?". "No", rotunda. (No estaba yo seguro, de las veces anteriores que lo hemos hecho. Hay chicas que lo aceptan de buen grado).
Pero no importa. Sofía come como Dios de bien, y mi necesidad de tacto se sacia tocando sus brazos. Una de sus manos sujeta mi pene según entra hasta el fondo y luego sale no por entero, hasta casi la punta, de su boca, una y otra vez, con insistencia. Cierro los ojos y disfruto. Envuelvo mi cabeza en la almohada.
En varias ocasiones estoy a punto, y fantaseo con la idea de correrme en su boca.
Cuando llega el orgasmo, no lo veo. Lo disfruto en el tacto. Sofia luego me desvela que se ha manchado los labios con el semen, como otras veces. No es un minuto de oro pleno, pero igualmente es muy satisfactorio.
La promo de masaje con francés natural, media hora, se cobra a 40 euros. Un escándalo de superprecio. Hemos estado apenas unos minutos más, lo que he tardado en vestirme al final.
Piso céntrico, compartido, pero hoy no estaba la compañera. Zona de la Sagrada Familia. Todo limpio y bonito: la habitación, con suficiente espacio; la ducha fuera, pero ahí al lado, y funciona perfecto.
...Expandir